16 de octubre, Día Mundial de la Alimentación

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En nuestra sociedad actual, consideramos la comida como una mercancía, en lugar de priorizar el conocimiento actual sobre el impacto de la nutrición en nuestra salud. Esto nos ha llevado a un modelo nutricional extremadamente simplista y no siempre asentado en la evidencia científica.

Todo lo relativo a la nutrición, desde las interacciones gen-nutriente en el crecimiento y desarrollo hasta la prevención de las enfermedades, que azotan nuestra sociedad actual, son fundamentales para nuestra salud. Por tanto, deberían estar administradas por los organismos sanitarios de cada gobierno, priorizándo dentro de sus estructuras nacionales a la nutrición, de manera urgente, y con el principal objetivo de garantizar una dieta saludable como un derecho humano. Desgracaisdamente en la actualidad está regulado desde el punto de vista de la agricultura de modo que los requerimientos de salud conduzcan a prioridades agrícolas, y no de salud. La seguridad nutricional debería ser considerada como prioridad como lo es la seguridad alimentaria.

La nutrición es una ciencia muy dinámica y como tal debemos aplicarla, haciendo un esfuerzo por trasladar las evidencias científicas más recientes. En este sentido, hace mucho tiempo que deberíamos de haber dejado de contar calorías, pues todas las calorías no son iguales y, mucho menos, toda la población está en la misma situación metabólica. Diferentes nutrientes con la misma cantidad de energía pueden diferir en sus efectos sobre nuestro peso corporal, aplicamos la aparente contradicción en sí misma, “una caloría no es una caloría”. Por ejemplo, la fructosa añadida a los alimentos industriales aumenta el apetito de forma más eficaz que la glucosa, por tanto, su aporte calórico es más obesogénico respecto al mismo aporte calórico de glucosa. Incluso, caemos en un error similar, cuando basamos nuestras recomendaciones sobre el consumo de hidratos de carbono en el concepto de carga glucémica sin considerar un principio de adaptación, la densidad requerida de nutrientes, sin minimizar los anti-nutrientes y sin considerar el impacto a nivel hormonal, neurológico y digestivo. Del mismo modo, determinados ácidos grasos de la serie 6, que abundan en los alimentos procesados, pueden ser más obesogénicos y pro-inflamatorios que los de la serie 3. Además, las dietas para reducir el peso deben tener en cuenta no sólo el aspecto nutricional sino también lo concerniente a las calorías totales; considerando que la totalidad de calorías difieren en los procesados. A poco que uno consulte las bases de datos científicas, hay indicios de que este sesgo científico, en favor del comercio y la seguridad alimentaria, – necesaria pero insuficiente para garantizar la salud a largo plazo- podría ser una de las principales causas que nos están avocando a la epidemia de enfermedades no transmisibles que nos azota.

Un elemento que merece comentario aparte, es la ingesta de grasas, basándonos en las últimas investigaciones y en nuestra experiencia clínica nos atrevemos a plantear el concepto de “comer grasas saludables para adelgazar”. La grasa no es el enemigo; el azúcar, los carbohidratos refinados y los alimentos procesados altamente “palatables”, sí que se postulan como las verdaderas causas del aumento de peso, enfermedades del corazón y diabetes tipo 2. Sin embargo, llevamos más de cuatro décadas cuestionando la grasa de la dieta y sugestionando a la población con dietas de bajo contenido graso.
Además, a nivel individual debemos valorar las consecuencias colaterales cómo el déficit de nutrientes, no siempre evidente, pero con implicaciones importantes en la salud, afecta a nuestros pacientes. Sin menoscabar la nutrigenómica con sus actuales limitaciones pero ya como una herramienta muy útil en consulta. El microbioma y aspectos ambientales significativos, tales como, la exposición al estrés, metales pesados y POPs presentes en los alimentos. Esta perspectiva integradora, es la que nos diferencia, y constituye el enfoque ortomolecular actual de la nutrición y, posiblemente, un acercamiento al objetivo de una salud óptima para nuestros pacientes.

Ruymán Rodríguez

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