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Jueves, 29 Octubre 2015 16:05

El papel de la microbiota en la aparición y la terapia de la enfermedad celiaca

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La microbiota intestinal está implicada en los procesos metabólicos y puede modular la función de barrera. Para que esta barrera intestinal funcione correctamente es importante una microbiota equilibrada y que esté bien regulado el paso paracelular a través de las uniones de los enterocitos.

Determinadas bacterias patógenas pueden provocar procesos inflamatorios locales, provocar permeabilidad intestinal y aumentar la porosidad siendo este un factor importante para el desarrollo de la enfermedad celiaca.

Se ha podido demostrar que la gliadina es un fuerte estímulo para la liberación de zonulina y que esta proteína es la responsable de aumentar la permeabilidad intestinal. Igualmente las variaciones de la microbiota intestinal pueden ocasionar aumento de la permeabilidad y parece ser que las bacterias Gram negativas podrían estar implicadas en la pérdida de la tolerancia al gluten en los pacientes con predisposición genética.

En estudios comparativos entre niños con enfermedad celiaca y grupos de control sanos se ha visto que los primeros presentaban una cantidad reducida de lactobacilos y bifidobacterias, aunque no está claro que la modificación de la microbiota sea causa o efecto de la enfermedad celiaca.  Se ha observado además una superpoblación de cepas Gram negativas, por lo que parece ser que la variación de la microbiota pueda ser consecuencia de la enfermedad celiaca y no su causa.

El uso de probióticos  se ofrece como terapia adyuvante junto a la dieta sin gluten para el tratamiento de la enfermedad celiaca

De Angelis et Al, estudiaron un preparado de probioticos que contenía ocho cepas probioticas distintas (principalmente bifidobacterias y lactobacilos), los resultados obtenidos con la combinación de estas cepas probióticas  fueron que los péptidos de gliadina se digieren más fácilmente con un combinado de cepas probioticas que con cepas aisladas

El grupo de trabajo de De Palma consiguió reducir la secreción de interleucina 12 e interferon gamma in vitro en células mononucleares de sangre periférica añadiendo bifidobacterias, indicando que existía un efecto antiinflamatorio  con las bifidobacterias estudiadas

Lindfors  et Al. Demostraron que la cepa bacteriana B lactis puede evitar el efecto tóxico de la gliadina en cultivos de células epiteliales en una dosis de 106 y 107 UFC/ml, pero no con dosis de 105 UFC/ml

D'Arienzo  et  Al. En un modelo de ratones observó  como  mejoró la función de la barrera intestinal con la cepa L. casei ATCC 9595 y se evitaba el paso de gliadina en la lámina propia.

(FUENTE:  drschaer-institute)

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